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Escritos de Marca Personal

Día 13. ¿Eres Tyrion o eres La Montaña?

Jon mira a Tyrion y le pregunta ¿Por qué lees tanto?

Tyrion, el enano, le responde: Jon, mírame y díme qué ves.

No sirvo para luchar. No tengo la altura ni la fuerza. Pero llevo el apellido Lannister y debo entrenar lo único que tengo: mi mente y mi inteligencia. Si quiero hacer algo por ellos, es lo mínimo que puedo hacer.

Quizá en Juego de Tronos contaba más ser como La Montaña, medir 2 metros y cargarse a caballeros de dos en dos.

Pero hoy lo que cuenta es el arte, la inteligencia y la perspicacia.

Siempre habrá alguien más barato, más rápido, más fuerte y más efectivo que tú: un robot o alguien dispuesto a cobrar menos. Si juegas en esa liga, eres una pieza sustituible y vulnerable.

Pero cuando te haces más Tyrion te vuelves una pieza única. La gente te quiere por tu arte y no por tu altura.

Día 12. Abandona los trucos

Olemos la falta de honestidad.

Olemos la falsedad.

Olemos todo lo que no sale de ti por muchos disfraces que te pongas encima.

Si tienes una marca personal y te tiras al cuello de trucos «persuasivos» te estás cargando lo más importante: la congruencia y la honestidad.

La honestidad porque no estás siendo tú y eso hará que no nos podamos fiar de ti.

Y la congruencia porque cuando esos trucos ya no funcionen y lo hagan otros, tendrás que cambiar de forma forzada si quieres seguir haciendo rodar la rueda.

Mejor elige un camino recto, de frente y con la verdad por delante.

Uno del que puedas estar orgullosa y nos vendas porque eres tú, no un atajo de trucos y artimañas.

Día 11. Si publicar da miedo, has hecho algo bueno

Imagínatelo.

Ahí tienes el enorme botón de publicar. Estás a un click de hacer público lo que piensas.

No es como un comentario aislado en redes, es una publicación de lo que crees de verdad y que podría verla mucha gente.

Es imposible no pensar en las críticas, en las comentarios, en si nos juzgará tal o cual persona.

El miedo aparece cuando estamos apunto de hacer algo importante. Cuando nos mostramos tal como somos.

Es la señal más clara de que estás haciendo lo correcto. Agradécelo.

Y entonces, le dale a publicar.

Día 10. Crear arte no es mendigar

Cuando hablo de arte y de regalar algo bueno eso no es contrario a poder vivir de lo que haces. No significa que mendigues sino que no prostituyas tu trabajo a un resultado.

Significa que abandones la mentalidad convenida. Que te olvides de ir hacia el Sol que más calienta por si hay suerte allí.

La mentalidad del artista es humanizar tu trabajo para hacerlo más valioso para los que lo aprecien. Porque cuando llegamos donde otros no lo harán, es cuando de verdad ponemos en valor lo que hacemos.

Y ahí no conozco ningún artista mendigo.

Día 9. Robots vs Humanos

La gente que desprecia el arte no habrá pensado en esto.

Si solo nos importase la efectividad de lo que hacemos ni el cine, ni los libros, ni la música tendrían ningún sentido. La belleza pasaría a un segundo plano pero curiosamente los anteriores 3 son los hobbies más repetidos.

Si solo importase “cumplir” con el trabajo, preferiríamos ver a un robot meter goles en lugar de a Cristiano Ronaldo.

Pero seguimos prefiriendo ver partidos de fútbol de gente real que le pone arte a su trabajo. Esto es porque no queremos solo “el trabajo” queremos a alguien que le ponga su grano de arena (y su arte) a lo que hace.

Preferimos el camarero divertido a la máquina efectiva.

Preferimos una película a un documental aburrido y “objetivo”.

Preferimos una novela a un manual de cocina.

Preferimos humanos a robotizaciones.

Porque el arte siempre gana.

Día 8. Congruencia

La congruencia no es no cambiar para mantener el mismo mensaje durante lustros. La congruencia no es un contrato vitalicio con decir lo mismo una y otra vez.

Tampoco el aferrarte a algo en lo que ya no crees por parecer congruente.

Lo que sí que es congruente es mantenerte fiel a tu verdad. No mentirte a ti mismo y expresar cuando has cambiado tu opinión sobre algo. El jueves puede decir algo equivocado en el podcast y el lunes explicar los motivos de ese error. Eso es congruencia.

La congruencia es una promesa con la verdad, no con un mensaje rígido.

Permítete dar giros. No vas a opinar lo mismo toda tu vida. Todos buscamos una verdad y creemos en ella a ojos ciegos. Pero luego nos podemos dar cuenta que solo era una parte de verdad y dirigirnos a otro lugar donde vemos más significado.

Ser congruente es no decirte mentiras para luego poder ser honesto con el mundo.

Día 7. El artista callejero

Eres como un artista de la calle. De esos que tocan, hacen malabares o simplemente hacen reír a los que pasan. Si la mayoría de los que pasan por tu calle te ignoran y hacen scroll hasta la siguiente esquina…

Sería inútil que cogieras tus mazas de malabarista y los persiguieras para hacerles ver tu función completa. Sería bastante ridículo también.

Debes confiar en los otros. En los que se paran y disfrutan de tu arte y tu trabajo como quien recibe un regalo.

Algunos se irán antes de que termines.

Otros aplaudirán.

Otros dirán que les ha gustado tu trabajo.

Y algunos te darán dinero para que sigas con tu arte.

Tu arte no es para todo el mundo. Ni muchísimo menos. Tu marca personal no puede aspirar a gustar a todos, sino que debe exponerse y ver cómo reacciona el público. Sin sucumbir a las críticas ni danzar según los comentarios.

El arte es arte. Y el arte es un regalo que no depende de quien lo recibe, sino de quien lo da.

Día 6. Es mejor empezar pequeño

Escribir, componer, crear, dibujar, grabar… algo corto tiene ventajas.

Las expectativas tuyas y las de otros bajan. Pues solo es una pincelada de lo que puedes hacer. Hay menos presión, menos compromiso pero conservando la valentía de crear algo.

Si te abruma un artículo, empieza con un texto corto para redes sociales.

Si te abruma un podcast, empieza con un muy breve episodio piloto.

Si te abruma un cuadro, empieza con el brazo de un personaje.

Ponte a jugar antes de querer ser el mejor jugador. Piensa en trazo a trazo, palabra a palabra, partido a partido. No te fuerces, haz que tu contenido fluya.

Solo así tu marca personal puede crear algo que valga la pena. Sin presiones ni pretensiones. Coge ritmo.

Hazlo corto y hazlo, y ya está.

Día 5. Todo es un borrador

Escribe y borra. Borra y reescribe.

No te tomes tan en serio. Pruébalo. Crea algo que te guste y olvídate de la perfección.

Ésta palabra es parte del borrador y ésta otra también. Mi teclado no para pensando en que esto deba ser perfecto, solo sabe que esto es un borrador.

𝗬 𝗮 𝘂𝗻 𝗯𝗼𝗿𝗿𝗮𝗱𝗼𝗿 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗹𝗲 𝗷𝘂𝘇𝗴𝗮, 𝘀𝗲 𝗹𝗲 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿𝗮.

Hazlo con todo. Esa estrategia, ese dibujo, ese vídeo, ese podcast. Siempre estás a tiempo de volver a empezar. Crea como si tuvieras toda la certeza del mundo aunque en realidad solo tengas una ligera intuición. Caminando se aprende a andar.

La valentía crea el mejor contenido porque llega allí donde la mayoría no se atreverá. Donde otros abandonarían tú sigues escribiendo, y sobretodo, reescribiendo.

Tómate en consideración. Date la oportunidad de crear un borrador tras otro. Cógele el gusto y estoy seguro que no te arrepentirás. Llegará a ser un pequeño y placentero vício que otros agradecerán.

Día 4. Mójate

Hay que mojarse si queremos tener voz. La voz propia dentro de un mercado jamás se crea desde la neutralidad, sino desde la subjetividad.

Tampoco se trata de crear polémica porque sí o de buscar la provocación, eso solo mancharía tu marca. Pero sí va de preguntarte tu propia opinión.

Veo demasiada gente aplaudiendo el mensaje de otros y diciendo sí, sí con la cabeza sin ni siquiera haber pensado cuál es su criterio.

Tenemos vergüenza de decir lo que pensamos por miedo a ser juzgados o a equivocarnos. Pero creo firmemente que todos tenemos algo interesante que decir, una experiencia única y un criterio propio que si se expresara con arrojo daría algo bueno al mundo.

Puede que te equivoques.

Puede que te juzguen.

¿Pero acaso eso no es eso mejor que seguir al resto porque sí?

Mejor un valiente mojado que un cobarde arrepentido.

Día 3. ¿Estás imitando?

¿Cómo sabes si estás copiando a alguien y por tanto, falseando tu trabajo?

Quizá cogiste una idea de otra persona.

Quizá te gustó y te animó a hacer algo parecido.

Quizá cuando te pones sientes que estás copiándole y eso te incomoda.

Y abandonas.

¿Cómo saber cuál es la diferencia?

Si lo haces por intentar reproducir su éxito, estás copiando.

Si lo haces porque te ha dado una idea de cómo hacer tu arte, estás dejándote inspirar.

Es sutil la diferencia, pero el resultadismo siempre nos saca los colores y nos dice la verdad.

Copia el medio, pero no la forma. Copia el continente, pero no el contenido. Copia la idea, pero no su esencia.

Pues la esencia no se puede copiar, tienes que ponerla tú.

Día 2. «¿Por qué me compran la pizza?»

Playa virgen y muchos pinos. Arena preciosa y agua cristalina. Empiezo a ver cartones de pizza por todas partes y sé que no puede ser una coincidencia.

Me giro y ahí está: el único restaurante de la playa virgen: con sus pizzas y sus precios de guiri. Un sitio privilegiado: negocio hecho.

Misma comida.

Pero a bastantes km de allí. Es el centro. Hay cola también.

Cerca hay otras pizzerías pero ninguna con tanto éxito. El local es precioso, vale la pena comer allí solo por verlo. El personal es encantador.

¿La diferencia entre la primera y la segunda?

La segunda tiene competencia, pero siguen escogiéndolo a él.

La primera si tuviera competencia, tendría la mitad de clientela.

¿Te eligen a ti por ser tú o por ser el único de la playa?