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Lección 4: Lo que hace buena una historia no son los hechos (Juego de Tronos) - Marketing Invicto
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Lección 4: Lo que hace buena una historia no son los hechos (Juego de Tronos)

Imagina que soy un americano de esos que van a las Rocky Mountains a cazar o a acampar o a enchufarme un poco de adrenalina los domingos por la mañana.

Y entre semana me dedico a vender en mi lista un parque de atracciones de terror (cosas más raras se han visto). Entonces te hago mi super-storytelling-persuasivo:

Este fin de semana me fui a los Apalaches. Tenía ganas de aventura así que acampé cerca de una zona de osos. Al  rato al caminar vi una familia al completo. Estaba la madre que se acicalaba lamiéndose las patas, el padre, gigante, dormido y muy oscuro y un bebe oso que daba vueltas.
Los osos no se movían mucho. Estaban al lado de un pequeño lago y parecía que trataban de tomar el sol.
Al final el padre oso se despertó y le pude hacer un par de fotos. Pude regresar a casa sano y salvo.
Si quieres vivir algo terrorífico, pero sin jugarte el cráneo, apúntate a mi parque del terror.

Bien.

¿Qué problema hay en esta historia?

Va, te doy 20 segundos, seguro que lo ves.

¿Ya?

El problema de solo contar hechos es que renuncias a la parte más persuasiva: cómo reacciona el protagonista a lo que le pasa.

Mira.

Un truco de los escritores de novela (y del cine) para que conozcas a su personaje es no dejarlo jamás solo.
Alguien solo no muestra su personalidad. Solo ves a un tipo en el sofá, pensando. Es aburrido.

¿Te imaginas a Barney Stinson en un bar sin nadie con quien ligar o de quien reírse?

Pues una historia no debe ir sobre los hechos, sino sobre cómo los personajes reaccionan emocionalmente a ellos.

En Juego de Tronos todo se basa en los personajes.

La trama es buena, pero el peso de la misma (lo que lo hace interesante) es la personalidad tan bien desarrollada de cada uno.

Puedes ver que Arya tiene carácter desde niña, que no quiere dedicarse a coser sino a tirar con el arco. Eso no es aleatorio. No ves simplemente que ella tira con el arco, te hacen ver qué tipo de persona es a través de ese hecho.

No ves a Jon desubicado en su familia porque es un bastardo, no te lo cuentan con un registro de nacimiento. Lo ves en su cara de tensión cada vez que se cruza con Catelyn (su madrastra).

Todas las tramas que ves tienen a un protagonista o varios interactuando con el mundo.

Por eso la historia de los osos no cuadra con la venta.

Porque no has narrado las emociones que tiene el personaje sobre peligro. Has hablado de los osos, pero no de esa “ramita que casi pisas y alerta al oso gigante”. Es ahí donde despiertas de su letargo al espectador.

Primero, porque conoce a tu personaje (en muchos casos serás tú), pero también porque hace tu historia entretenida.

Las personas somos impredecibles, si cuentas su proceso emocional vas a conseguir que tu lector quiera saber más. Por ejemplo, como funciona el mundo para alguien así.

En The Game, tú no ves a un millonario al que le pasan putadas. Ves su cara de sufrimiento, de confusión y de cómo su ego se va desinflando como un globo escena tras escena.

A ti te dan igual las bromas que le hagan, lo que te importa es su reacción, su evolución.

Por eso no necesitas historias únicas, ni locas, ni hollywoodienses. Puedes contar algo tan simple como la pereza que te da despertarte por la mañana si esos hechos los llenas de emociones y sentimientos.

Te pongo un caso más exagerado aún.

Como conocí a vuestra madre

Esta serie casi no tiene trama. Sí, hay rupturas, ligues de una noche, folleteo y cambios de empleo. Pero eso no lleva el peso de la historia. Esos hechos contados de forma plana serían somnolientos.

Lo que te engancha de una serie así son las reacciones. Es ver a Barney inventar un nuevo truco para ligar. Es ver a Robin coger una pistola a la mínima. Es ver a Marshall ser un romanticón sin remedio.

Su trama es floja. Pero sus personajes maravillosos.

Y cuando tu lector se engancha al personaje, es cuando quieres escuchar toda la historia.

En Juego de Tronos llega un punto donde eliges bando. Quieres que unos personajes ganen, pero NO por que te importen los Stark o el Trono de Hierro. Sino porque conoces a los Stark y su carácter te gusta más que el de otros.

Quieres ver si la forma de ser de los Stark triunfa en el mundo (esa es la lección).

Piénsalo, ¿Te importa de verdad el Trono de Hierro? ¿O te importa porque les importa a los personajes?

Así que como conclusión:

No busques hechos locos, macabros o divertidos. Busca emociones que contar. Busca sentimientos. Tensión. Drama. Humor. Misterio. Sexo. Amor.

Un ejemplo de ayer:

Estaba dando un paseo por la ciudad cuando a mi derecha vi a un hombre paseando a una perra de color marrón. El hombre era un tipo algo raro, la típica persona que te asustaría si te pidiera un mechero a las diez de la noche: desaliñado y con un turbante verdoso muy raro.

Y yo miraba a la perra, ¿Será malo con ella?

Luego me fijé y vi que tenía un jersei de esos para el frío y me quede más tranquilo… Pero justo antes de llegar a un paso de cebra, el loco del turbante soltó la correa y la perra corrió hacia donde los coches pasaban a gran velocidad.
Estaba a punto de correr para evitar un accidente cuando la perra se paró al grito del hombre del turbante.

Pasó 3 veces más, pero la perra siempre paraba. Y yo, respiraba aliviado.

Es una tontería de historia, pero para que veas que no hace falta ser Batman para contar historias y emociones.

Puedes hablar de la tristeza que te da un día de lluvia y cómo acabaste pasándolo super bien ese día.

O cómo cuando eras crío coleccionar cromos era un tesoro para ti y un día los perdiste todos.

O el día que tuviste tu primera venta online y saltaste sobre la cama.

Esos hechos, son aburridos. Lo que los hará persuasivos es cómo narras las emociones que provocaron.

Suficiente hasta aquí.
Nos vemos mañana en la última lección.
Lluís Vives.